1 Minuto Huelva
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«Cuando tu hija supera un cáncer»

Carta de la madre de una pequeña que logró curarse de la enfermedad.

Todo empezó en una noche fría de otoño; era 21 de octubre de 2021 cuando a la hora de acostarme (mi marido estaba trabajando en el turno de noche y mis hijas, entonces, tienen la costumbre de dormir en la cama con su madre), al abrazar a la pequeña (de 10 años) toqué con mis manos su abdomen y pude sentir un cuerpo extraño. Le pregunté qué era eso, si le dolía o sentía molestias y desde cuándo lo tenía. Ella me contestó, con naturalidad, que no le molestaba y que no sabía desde cuánto tiempo hacía que lo tenía, porque eso era de su propio cuerpo.

No estando tranquilos, tras haber pasado toda una noche de incertidumbre, al día siguiente (un viernes 22 de octubre) acudimos al hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva donde empezaron a hacer las primeras pruebas, pero por falta de recursos y equipamiento del propio centro nos derivan al Universitario “Virgen del Rocío” de Sevilla al día siguiente. El Juan Ramón Jiménez no está dotado de oncólogos especialistas en Pediatría, por lo que familias como la nuestra se tienen que desplazar a la provincia vecina asumiendo costes, traslados y tiempo pudiendo ser atendidos en Huelva capital si hubiera estos especialistas.

Ya en Sevilla, ese sábado, nos atiende en consulta la oncóloga de guardia, y nos dice que había que realizar una serie de pruebas pero que no eran urgentes, explicando que no se hacían los fines de semana, y que ya llamarían para ingresar. Esos días fueron interminables y el lunes al mediodía, sin recibir ninguna llamada, nos presentamos allí de nuevo.

Y esta vez sí que la ingresaron, empezando las pruebas una vez estando allí. Al pasar por lo que se conoce como el arco en la planta de oncología pediátrica, se te cae el mundo encima y sientes que tu vida cambia. Al final de la semana nos comunican los resultados. Fue diagnosticada de disgerminoma pélvico en el ovario izquierdo, secretor de BHCG, en estadio III. La masa abdominal iba creciendo por momentos, hasta llegar a tener un gran tamaño.

El tratamiento a seguir fue, en principio, para reducir la masa con quimioterapia y después realizar una operación. Fueron cuatro meses hasta que se pudo realizar la intervención. El equipo médico comprobó que sólo quedaba masa buena; extirparon el ovario y la trompa izquierda y examinaron los distintos órganos adyacentes al aparato reproductor. Afortunadamente ninguno había resultado afectado.

El equipo de cirugía se dirigió a nosotros para explicarnos que los resultados eran sumamente positivos ya que el tumor estaba localizado y encapsulado. Después de las buenas noticias sentimos una alegría tan grande, la eliminación de un enorme peso que soportábamos desde hacía cuatro meses, sintiendo que nuestra hija se salvaba. Pasaron cinco meses desde que se realizó el diagnóstico hasta que se dio por superada la enfermedad.

La enseñanza también nos la dan estas niñas y niños que sufren la enfermedad, por la manera en la que se enfrentan a ella, con esa alegría que muestran, nunca les falta esa sonrisa que a nosotros nos sube el ánimo cuando más bajito lo tenemos; toda una fuente de ternura de la que debemos que aprender.

Nuestra hija (MGM) nos ha enseñado a encontrar y sacar fuerza, confianza, valentía, voluntad, ánimos, resistencia, ímpetu… y mucha energía. Ella se enfrentó con toda la ilusión de estar con sus iguales en el colegio y en las rutinas diarias que llevaba antes, sin ser consciente de la gravedad de la situación.

Nosotros sobrellevamos el proceso con mucha fuerza, incertidumbre, miedo y a la vez esperanza, confiando en los buenos profesionales y en la ciencia y medicina.

La perspectiva de vida al pasar esta situación cambia 360 grados porque no somos conscientes de que la vida te da un vuelco de la noche a la mañana sin tener nada en cuenta. A nosotros nos ha cambiado todo: el carácter, la forma de ser, de actuar y hemos aprendido a no preocuparnos por cosas insignificantes a las que antes sí le dábamos importancia. La vida se vive ahora más intensa y a la vez con miedo de que pueda volver a ocurrir.

Nuestra mención especial a la planta de oncología pediátrica del hospital “Virgen del Rocío” de Sevilla, por su profesionalidad. Desde psicólogas y psicólogos, enfermeros y enfermeras, limpiadores y limpiadoras, voluntariado, médicas y médicos, maestras, familiares de otros pacientes, que nos hicieron pasar de forma más llevadera y optimista el tratamiento, haciéndonos sentir y comprobar que estábamos en las mejores manos posibles.

Reiterar nuestra máxima admiración a los profesionales que, día a día, están volcados en el estudio y cura de esta maldita enfermedad llamada cáncer. Aunque por falta de investigación algunas y algunos se quedan en el camino.

Queremos pedir que se destine más dinero para la investigación, tratamiento y cura, porque hay muchos tumores que no están estudiados. Y todo esfuerzo económico es poco si de lo que se trata es de salvar vidas y del bienestar de las personas enfermas.

JLGR y AMG (padre y madre de MGM)

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