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‘Otra Mirada’: Ser diferente sin saber por qué

El Síndrome de Asperger: Reportaje audiovisual con la asociación AOSA-TEA Huelva

Es una discapacidad invisible. Son personas que aparentemente no sufren ningún problema. Muchos adultos han estado viviendo siendo conscientes de que algo les pasaba pero sin saber qué ni por qué. Después de los años han podido averiguar que nacieron con el conocido síndrome de Asperger, el grado más leve del autismo. Cada vez son más las familias que se dan cuenta de que sus hijos se aíslan, son obsesivos y tienen intereses diferentes a los niños de su edad, con una frustración descontrolada y un lenguaje característico que tampoco se corresponde con su etapa de desarrollo.

El Asperger es una discapacidad social, pero no está reconocida como tal. La forma de entender el mundo, de relacionarse y de comunicarse de las personas que tienen este síndrome es totalmente diferente; no son capaces de procesar y relacionar conceptos y contextos, por lo que se sienten continuamente nerviosos y en tensión ante la incertidumbre constante de qué va a pasar y por qué no ocurre aquello que sí estaba previsto.

Los jóvenes con Asperger son víctimas de acoso escolar porque desde la infancia no se trabaja lo suficiente en la inclusión, en la aceptación, en la integración y la comprensión de las diferentes realidades. En el mundo adulto no es mejor; las empresas tienen levantados muros invisibles que impiden cualquier oportunidad de inserción laboral duradera.

El diagnóstico es difícil porque puede que no se identifiquen los signos asociados a esta discapacidad social. Por todo ello, es tan importante la labor de asociaciones como AOSA-TEA que actualmente ayuda a casi 250 familias de Huelva y provincia. Tienen lista de espera para atender a las personas que llegan por primera vez, derivadas en su mayoría de los centros escolares y del ámbito sanitario; también acumulan demoras de hasta cinco meses para realizar la impresión diagnóstica a las personas que en ese momento no pueden ser atendidas en la sanidad pública.

Actualmente, AOESA-TEA cuenta con una trabajadora social, una logopeda, un psicopedagogo y trece psicólogos sanitarios, entre otro personal, para atender y ayudar a esas 250 familias. A pesar de ello, se sienten “impotentes” por no poder agilizar la atención ya que les faltan recursos, personal y espacio. El local que tienen desde el año 2019 ya se les quedó pequeño, y durante sus once años de andadura, jamás han tenido tanta demanda como ahora. Pero, para ayudar a todas esas personas que aún esperan, requieren otras instalaciones y más plantilla.

Ofrecen atención social, programas terapéuticos, atención a la diversidad en los centros, orientación en el empleo y a las familias, y la realización de diagnósticos, entre otros proyectos. También cuentan con un piso lanzadera donde conviven personas mayores de edad para favorecer su autonomía y su inserción social y laboral.

El trabajo de esta asociación es fundamental para realizar un diagnóstico que no es sencillo y para poder desarrollar un seguimiento de los niños y las niñas para que reciban la ayuda específica que necesitan para aprender a convivir con esta discapacidad social. Para los adultos es una nueva oportunidad tras vivir durante años con un sufrimiento silencioso por su forma de ser, de actuar y de relacionarse sin entender el porqué de sus reacciones, de sus gustos o de sus frustraciones.

La principal asignatura pendiente sigue siendo la inserción y la integración real ya que, a pesar de lo avanzado, sigue habiendo prejuicios y barreras ante lo desconocido o lo diferente.

“Ellos quieren integrarse, sus familias los aceptan y los ayudan a integrarse pero la sociedad es la que no les brinda la oportunidad. Aunque muchas personas empatizan con ellos individualmente, al volver al grupo se decantan por seguir los patrones sociales en vez de ayudarlos”.

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