1 Minuto Huelva
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“La niña asturiana que encontró en Huelva el mejor regalo de su vida”

Videoentrevista ‘1 Minuto con…’ María José Rico, subdelegada del Gobierno en Huelva

Corazón dividido, mestizaje de culturas entre sus raíces asturianas y su carácter moldeado con rasgos andaluces. Un cambio en su vida con tan solo trece años que removió sus cimientos para comenzar a reconstruirse en un ambiente muy diferente al del norte de España; una cultura que no entendía y a la que ahora abraza con orgullo. La historia de vida de María José Rico, actualmente subdelegada del Gobierno en Huelva, podría escribirse en una amplia biografía con capítulos dedicados a una infancia que transcurría entre lluvias, estudios, religión, carreras en el campo y baños en la playa. Con las maletas llenas de esperanza, por un motivo de fuerza mayor que afectaba a la salud de su madre, quien necesitaba cambiar de clima, su familia -sus padres y ella con su hermana y sus dos hermanos- dejaron Asturias para, sin saber muy por qué, llegar a Huelva, entre varios destinos entre los que su padre pudo elegir para su traslado. Venían para dos años y ya llevan en Huelva más de cuarenta.

María José es una mujer que transmite convicción y entusiasmo por todo aquello en lo que se ve involucrada. Desde pequeña, mamó la lucha obrera y la ayuda al que lo necesita como forma de vida. En un entorno religioso, y a la misma vez activista, de la mano de sus padres ya supo que sería abogada desde muy joven o, al menos, así lo creyó su madre por su carácter reivindicativo e inquieto. Y así fue; ya lleva más de 35 años siendo funcionaria.

Con trece años, llegó a una ciudad que poco se parecía a su Asturias natal; se asombraba ante los abrazos que le regalaban las niñas del colegio que, aun siendo desconocidas para ellas, la besaban y la acogían como una más. El humor andaluz también la descolocaba al principio; los vítores a una imagen religiosa, no tener miedo a equivocarse… Todo aquello supuso un cambio en su mentalidad, en su forma de ser que fue moldeándose y reinventándose con valentía. Antes mantenía las distancias con las personas, se relacionaba de manera más fría, propia del norte, como ella reconoce; ahora le gusta tocar, sentir, abrazar. “Fue un tesoro y un regalo llegar a Huelva”, recuerda María José quien, no obstante, aprovecha algunos de sus descansos para volver a su tierra, donde conserva amigas de la infancia; eso sí, llevando algunos manjares onubenses en su maleta.

Abogada comprometida fiel a su ideología de izquierda, progresista; aprendió de profesores y de otros maestros de la vida que la fueron marcando como persona y como profesional. María José es funcionaria desde el año 1989 pasando por el INEM, montando un despacho de abogados, sacándose oposiciones de la Junta y del Estado, fue abogada del Estado y asesora jurídica del Puerto. Estudios, trabajo, voluntariado y más tarde la política, donde encontró otra forma de canalizar sus inquietudes, comenzando por la delegación de Salud provincial de Huelva.

Actividad frenética con un hilo común: la convicción de ayudar a los demás y hacer realidad aquello en lo que crees. Esa pasión y ese compromiso la hacen recordar con emoción a  algunas de las personas que le tendieron la mano durante su trayectoria; ya no contiene las lágrimas: “Esto me lo ha regalado Andalucía”.

Su mayor tesoro es su familia; vive muy cerca de sus padres en la calle Rábida de la capital para poder verlos todos los días. “Donde estén ellos, estaré yo”. Son sus ejemplos de valentía y compromiso. Son una prioridad para María José y siempre encuentra tiempo para ellos en una agenda con pocos huecos en blanco.

Transmite ser una mujer todoterreno, entusiasta y vocacional, con intereses y aficiones de muy diverso color para completar el abanico de su vida. Colecciona muñecas Nancy a las que ella misma les teje la ropa; practica yoga y meditación; define el cine como su mayor pasión; y encuentra uno de sus mejores refugios en el instante de meter los pies en el agua en uno de sus largos paseos por la playa.

Se despierta con música y se toma una tila doble para aplacar ese nervio que la caracteriza; y, aunque su madre se asegura de que desayuna todos los días, confiesa que la comida en su casa es “de supervivencia”.

Decidió no tener hijos por “temor a esa responsabilidad”, poniendo en valor su admiración por todas las madres y todos los padres. Su vida se erige sobre pilares que la han ido guiando a través de los años: “honra la vida, no pases de puntillas, lucha, siente, implícate y haz lo que puedas por cambiar el pedacito del mundo que te corresponde”.

María José da las gracias por los regalos que considera que le ha brindado la vida, a pesar de que perdió muy joven a uno de sus hermanos. Esa VIDA en mayúsculas a la que ha llenado de sentido, de valores y de agradecimiento, exprimiendo cada instante mientras camina con determinación hacia su próximo destino con una mochila henchida de experiencias y vivencias en las que se entremezclan postales y aromas del mar Cantábrico y del océano Atlántico.

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