
Pepe Rico. Mi Andévalo, que se ha puesto triste unas veces porque se fueron personajes vinculados a la prosperidad y al buen ejemplo, y alegres otras, porque los andevaleños son fuertes, cultos y ansiosos por la vida, no va a orar, aunque si me apuras, lo haré.

La imagen que se acompaña es un esterquero continuo, siempre igual y siempre diferente, porque cada pequeños periodos irregulares de tiempo un enorme camión de la empresa, que supongo adjudicataria para dejarlo limpio, llega y carga su voluminosa andorga y se va no sé adónde.
Está situado junto a la carretera de circunvalación de El Cerro de Andévalo y frente a viviendas de sus vecinos, al ladito mismo -pared con pared-, colindante, a una guardería, a una Escuela de Música, a la sede de la Banda de Música Albricias y al cuartel de la Guardia Civil.
¿Es posible mejor asentamiento? ¿Qué crees, amigo lector?
La responsabilidad de tamaña felonía -acción fea y reprobable- corresponde, al parecer, a quienes desde sus poltronas políticas deciden que es bueno, comprensible, coherente y hasta necesario que sea así, que se depositen los objetos inservibles -imaginen todo cuanto puedan- en un lugar contiguo a quienes solo quieren vivir en paz, sin la presencia de ratas como burros, de un potro muerto hediondo que un día no lejano un desaprensivo y “honesto” ciudadano dejó allí olvidado. ¡Caramba con la educación permanente! ¡Qué bien suenan el sustantivo y el adjetivo y qué poco se cumplen!
A la postre -no, tarta de chocolate y fresas, no- solo queda pedir responsabilidades sanitarias a quien corresponda y mi denuncia -comunicación pública- de esta situación espero que obligue en aras de la justicia para mantener el respeto -más de cuarenta cursos escribiendo esta palabra en la pizarra de clase-, la armonía y la convivencia pacífica dentro de una sociedad.
Entre las poltronas citadas debe haber alguien que asuma, por respeto a la ciudadanía, cumplir con sus obligaciones, tomar decisiones sensatas y admitir las consecuencias de sus actos. ¿O no? ¿Habrá busilis?
