La procesión contó con una gran participación de fieles en el cortejo y también en las aceras

El sol acabó por salir en uno de esos jueves que dice el refranero español que brillan más que el astro rey. Lo cierto es que la custodia que cobijaba el Corpus Christi recorrió las calles del centro de la ciudad con un amplio respaldo de feligreses y devotos que acompañaron al Cuerpo de Cristo dentro del cortejo y también en las aceras de las calles por donde pasó la procesión.
La iglesia de la Concepción fue testigo de la salida de forma excepcional al encontrarse la plaza de la Merced, donde se ubica la Catedral, en obras. A las cita no faltaron las hermandades de la ciudad, que poblaron los primeros tramos del cortejo con sus guiones. También estuvieron representados otros estamentos civiles; así como un amplio grupo de sacerdotes de la Diócesis onubense. Y a la cabeza el obispo, Santiago Gómez Sierra; y también el emérito que volvía a Huelva tras varios años de retiro, José Vilaplana.
Abrió paso la Agrupación Musical de la Cena y detrás de la custodia interpretó las marchas la Sinfónica Municipal de Huelva.

Lo más destacado de la tarde fue el discurrir del Corpus por delante de dos importantes altares, el que se levantó a las puertas del Ayuntamiento con el paso de la Sagrada Cena y el que se sitúo en la Plaza Niña, presidido por la imagen de San Juan Pablo II, sobre el paso de los Mutilados. Especialmente bonita fue la procesión por la calle de la Esperanza, bellamente engalanada para la ocasión.
La recogida fue sencilla, donde el obispo de Huelva rezó una última oración ante el Corpus Christi de Huelva, que parece que poco a poco va volviendo a retomar el protagonismo social de antaño.

