Jesús Acevedo es natural de El Madroño aunque lleva años viviendo en Berrocal, el municipio más afectado por las llamas en el incendio declarado en Niebla. Además, Jesús trabaja en el Infoca por lo que ha vivido todo ese «horror» desde una doble perspectiva: como profesional enfrentándose al fuego y como vecino, viendo cómo el territorio en el que vive era arrasado y convertido en ceniza. Ha tenido jornadas maratonianas de más de 14 horas y asegura que, aunque el resultado no ha sido el que le hubiera gustado, tiene la conciencia tranquila porque «literalmente, hemos sudado sangre. Lo hemos dado absolutamente todo».

Tú has visto a través de las llamas con una doble mirada…
Todo aquello lo viví con una mezcla de sentimientos muy difícil de explicar. Como vecino, lo vives con sufrimiento, impotencia y rabia; y como profesional, es muy desmoralizador.
Ojalá pudiera decir que ha sido un incendio más, pero no es así. Este me ha tocado en mi tierra; ahí es donde duele de verdad.
Como profesional tienes formación, pero cuando el fuego llega a las puertas de tu casa y ves que se te escapa de las manos, el sentimiento es muy duro, con unas imágenes que se te quedan grabadas en la cabeza para no olvidarlas jamás.
Se hablaba de descontrol, de peligrosidad, de impredecibilidad… ¿Habías vivido algo similar?
Te aseguro que nunca me había enfrentado a algo igual; aquello era un monstruo con vida propia. Los compañeros más veteranos tampoco recordaban algo así. El incendio más parecido fue precisamente aquí en el 2004.
«Hay imágenes grabadas en la cabeza que no se olvidarán jamás. Era un monstruo con vida propia. Literalmente hemos sudado sangre.»
¿Cómo te ha afectado personalmente este incendio?
Me ha dejado anímicamente muy tocado, pero aquí no queda otra que levantarse y tirar hacia adelante. Ya nos levantamos como pudimos en el incendio de 2004, y ahora no va a ser menos. Y como profesional, cuando es tu tierra, el cansancio físico desaparece. No te pesan las horas; al revés, miras el reloj con rabia deseando que el día tuviera más horas para poder seguir luchando.
Fueron jornadas de hasta catorce horas seguidas… ¿Cuál es el recuerdo más duro?
Sin duda, lo más duro ha sido llegar a casa y encontrármela completamente sola. El pueblo estaba evacuado, tanto El Madroño, que es de donde soy, como Berrocal, donde vivo. No tener cerca a los tuyos en un momento así se echa muchísimo de menos: a mi pareja, a mis padres, a mi sobrino, a mi hermana, a los amigos… Esa soledad en casa pesa muchísimo más que el cansancio físico. Aunque es verdad que las llamadas, los mensajes y las redes sociales te salvan un poco el día y te dan vida con sus ánimos.
Como profesionales, nos hemos dejado la piel literalmente; había momentos en los que sudabas sangre. Han sido siete días de jornadas interminables, de 13 y 14 horas seguidas. Me encantaría decirte que me voy feliz, pero el resultado no ha sido el que me hubiera gustado. Aun así, tengo la conciencia tranquila porque sé que lo hemos dado absolutamente todo, y hablo tanto por mí como por todos mis compañeros.
¿Teníais el temor de que algo así ocurriera? ¿Y de que se repita?
El temor siempre ha estado ahí. El miedo de lo que pasó en 2004 no se le ha olvidado a nadie en el pueblo. La realidad es que el campo está muy abandonado y esto, por desgracia, se veía venir.
Si las políticas ambientales de gestión forestal no cambian de verdad, me temo que tendremos que acostumbrarnos a vivir cada equis años algo similar.

«No se le ha dado la importancia ni la visibilidad necesarias para ser conscientes de lo que estaba pasando. Aquí todo se silencia más.»
¿Hay vuelta a la normalidad?
¿Vuelta a la normalidad? No creo que la haya. Si acaso, me quedaría de esa frase solo con la palabra ‘vuelta’, porque lo que es la normalidad… ya no existe.
¿Crees que se le ha dado la suficiente trascendencia a este incendio y a sus consecuencias?
Sinceramente, creo que no se le ha dado la importancia que ha tenido este fuego ni la visibilidad necesaria para ser conscientes de lo que estaba pasando. Parece que si algo grave ocurre en Madrid o en las grandes ciudades ocupa todos los informativos, pero lo que pasa en esta zona se silencia más.
Y lo peor de todo es que aquí no se trata solo de monte quemado: hay mucha gente que vivía directamente del campo o de sus recursos, y de la noche a la mañana se ha quedado sin nada
Y ahora hay que reconstruir vidas y recuperar lo perdido…
Precisamente lo que ahora exigimos y demandamos es que esto no caiga en el olvido, que no se hable de ello solo durante unas semanas y luego a otra cosa. Se necesitan ayudas reales y efectivas, y que las administraciones y los organismos competentes se acuerden de que nosotros seguimos aquí intentando levantar esto.

«Lo rural hoy no se valora para nada. El campo está muy descuidado y, si sigue así, volveremos a vivir lo mismo en un tiempo»
¿Cómo os veis dentro de diez años?
No sé, me gustaría decir que como hace un mes atrás; ojalá sí. Lo único que sé es que la gente de Berrocal se levantó después del incendio del 2004 y ahora estoy seguro de que lo volveremos a hacer.
¿Hay futuro para la vida rural en estos entornos forestales?
Lo rural hoy en día no se valora para nada. Vivir en pueblos tan pequeños ya es duro de por sí en el día a día, así que imagínatelo ahora, con todo lo que nos ha caído encima…
De todo ese «horror», como lo habéis descrito alguna vez, queda ahora a gratitud por el trabajo y la solidaridad…
Efectivamente; me gustaría agradecer el cariño a todas esas personas que se han acordado de mí. Gracias a sus mensajes esto ha sido algo menos duro. Mi reconocimiento a mis compañeros, que son mi otra familia, que han luchado hasta el final. Y todo el afecto a todas esas personas afectadas de una forma u otra por este incendio y en especial al pueblo de Berrocal, al que se le ha quemado prácticamente todo, pero que sé que todos juntos nos volveremos a levantar.


