Pepe Rico narra en el episodio 69 de este podcast un relato poco habitual, ya que se encuentran muy pocos episodios sobre juicios de la Inquisición.

Pepe Rico. El Inquisidor de Sevilla contra don Alonso Díaz Valle, presbítero y organista en la villa de la Puebla de Guzmán, con solicitante y proposición.
Esta sumaria empezó en 30 de diciembre de 1751, con delación que hizo ante don Agustín Ponce y Carrasco, Comisario (del Santo Oficio) en esta misma villa y don Juan Pérez Carrasco, que hizo de notario.
Los declarantes son doce personas: 1 hombre viudo, 4 mujeres casadas, 4 solteras y 1 viuda.
Un total de 18 acusaciones son declaradas que van desde la manifestación de cariño, alargando los tiempos de confesión, solicitud de conversación todos los días, quejas cuando recibe “quebrantos”, animar a querer al confesor, sintiendo el amor, que este no es pecado, que se debe ejercer con total libertad con palabras amatorias, abrazos y tocamientos hasta con violencia y hasta que los sacerdotes debían ser casados “que él mismo lo fue”.
El Comisario asevera que los testigos parecen decir verdad porque son personas de buena vida y del reo que es sujeto por causa de mucho daño, que es ligero en el hablar haciéndose de maestro y sabio y que se empeña en defender que el Papa no tenía potestad de pensionar las iglesias y que así lo decía el concilio de Trento.
El tribunal en vista de los antecedentes votó a que fuese removido a las cárceles del Santo Oficio con secuestro de bienes, recogiéndole con cuidado los papeles y se le siguiese su causa hasta definitiva.
En primera audiencia de oficio en febrero siguiente dijo que aprendió a leer y escribir solo, a los 16 años pasó a Sevilla, donde se perfeccionó en Gramática, estudió año y medio de Filosofía y después leyes, y habiéndose ordenado se aplicó en los ministerios del púlpito y confesionario que ejerció en Sevilla y en esta corte y que no había leído libros prohibidos.
En marzo siguiente, el alcaide de cárceles serenas (un entorno supuestamente más tranquilo y tolerable en comparación con las prisiones civiles de la época), le aconsejó que confesase hasta las proposiciones dichas a tres o cuatro putas a quienes solicitó, asegurándolas que el acto que tuviese con ellas no era pecado, sino también todo lo que le acusara su conciencia en materias presente al Santo Oficio, pues de este modo despacharía su causa y movería a benignidad al tribunal.
Ese mismo día comenzó a confesar y en abril se recibió la causa a prueba.

