Se trata de una extensión agrícola de 640 hectáreas donde se cultivan naranjas, mandarinas, caquis y arándanos que gestiona la empresa Giner Export, dirigida por Roberto Ferrer

Pepe Rico nos presenta Monte Pino en un episodio dedicado a las riquezas del Andévalo: «Pasear entre las plantaciones es un placer estético por su belleza, paisajístico por su urdimbre, oloroso por su azahar y apetitoso porque la mano se alarga sola en busca de estos manjares».
He visitado una exquisita maravilla de riqueza andevaleña. Se trata de una extensión agrícola de 640 hectáreas donde se cultivan naranjas, mandarinas, caquis y arándanos que gestiona la empresa Giner Export, dirigida por Roberto Ferrer.

Monte Pinto está situado al norte de la población de El Cerro de Andévalo y su director técnico, Francisco Rodríguez Bravo, me atiende con suma profesionalidad.
Desde que se comenzó a preparar la tierra, como soporte de los productos en 2005 han pasado dieciocho años de lucha. En 2006, se plantaron los naranjos y mandarinas; en 2008, los caquis y el año pasado los arándanos.
La trazabilidad anual que se lleva a término es impecable en su recorrido porque incluso la aportación hídrica no perjudica el entorno, antes bien, se impulsa porque se almacena el agua de lluvia en cinco balsas y se hacen dos captaciones en superficie.
El resultado final son 30/35.000 kilos de naranjas producidos por hectáreas. 40/45.000 kg de mandarinas. 20.000 kg de caquis y en primera cosecha, se ahecharán 10.000 kg por hectáreas de arándanos.

Todo ello genera el empleo de 50 trabajadores en plantilla y entre noviembre y mayo, cuando la recolección está en pleno auge, se necesitan más de 300 personas que consigan plenamente la recolección.
La tierra de Mi Andévalo solo necesita, contradiciendo al cura de San Bartolomé que escribió que esta tierra la había creado el diablo, inversión inteligente, nacida de la cultura agrícola.
Pasear entre las plantaciones es un placer estético por su belleza, paisajístico por su urdimbre, oloroso por su azahar y apetitoso porque la mano se alarga sola en busca de estos manjares.


