La Blanca Paloma se recogió en la parroquia de la Asunción a las 09.35 horas, mucho antes de lo previsto por las inclemencias meteorológicas.
Dicen que un Rocío nunca es igual a otro, siempre te sorprende. Y en este 2026, la Venida de la Blanca Paloma hasta Almonte, como cada siete años, ha cumplido con el dicho. Y es que la lluvia hizo acto de aparición en pleno 20 de agosto, especialmente fuerte a partir de las ocho de la mañana. Fue entonces cuando a la Virgen se le cubrió con un capote impermeable para recorrer las calles de Almonte, de manera más acelerada de lo habitual. Pero nada de esto empañó la emoción vivida junto a la Patrona, que recibió el cariño de los almonteños y de los cientos de miles de peregrinos que la acompañaron desde El Rocío por el Camino de los Llanos.
La noche fue especialmente emotiva, en cada arco por el que pasaba la Virgen se vivía un momento de exaltación de la fe y de oración comprometida. La Hermandad Matriz de Almonte había pedido que se viviera con la trascendencia de una procesión y así se hizo.
A la amanecida, tras un aviso de lluvia al final del camino, se destapó del guardapolvo y del pañito que protegía a la imagen de la Virgen del Rocío en el Alto del Molinillo en El Chaparral. Poco después, el aguacero apretó y se tuvo que proteger a la Pastora con un capote impermeable que ya no se quitó hasta su entrada en la Asunción, a las nueve y media de la mañana.

La lluvia no descompuso en ningún momento la procesión, que sí fue de manera más acelerada de lo habitual. Sin embargo, desde cada balcón del pueblo se lanzaron pétalos y se cantaron sevillanas a la Virgen. Empapados de fe, así acabaron los rocieros esta Venida de la Blanca Paloma.






