Pepe Rico cuenta en este nuevo programa la historia de Ángela Rodríguez Silgado, una andevaleña que recorre el mundo en bicicleta.

Pepe Rico. ¡Ahâta aju! Dos palabras en guaraní que significan “me voy a ir a venir”, casi como las castellanas “ahora vengo”. Y Ángela ha venido y ahora está en mi casa, en esta tarde desapacible, con algo de la necesaria lluvia en este Andévalo nuestro y tan querido y necesitado de amor, de impulsos económicos duraderos, estables…
Es hija de mis amigos Andrea y Juan y posee la fuerza de sus años jóvenes, una mirada luminosa, una sonrisa deliciosa y un saber estar y conversar que ya quisiera yo aprender.

Comenzó sus estudios de Educación Social, obtuvo una beca de intercambio y se marchó con su primera ilusión desde niña por el conocer el mundo. Quería ver donde acaba la aguja de sus profesores que entraba por España, en el globo terráqueo de la escuela, y salía por Nueva Zelanda… y se llevó su música cuyos estudios inició en la Banda Municipal de El Cerro y, luego, en el Conservatorio de Música de Valverde del Camino.
Llegó a Paraguay y allí estuvo 14 años.
– ¿Por qué? Le pregunté.
– La curiosidad, un impulso irrefrenable de conocer otras culturas, aunque al final de toda mi aventura, lo más importante son las personas, la posibilidad de intercambio de pareceres, de bienes, de sonrisa, de sentir todas las sensaciones que se meten dentro de ti, que palpas, que hueles, que tocas al andar el camino… y de amar… ¿por qué no?
Estoy acaso confundido y, no obstante, sonrío porque sus reflexiones traen a mi memoria otros caminos de juventud que disfruté en estas tierras, mas ella, Ángela, fue en su busca muy lejos, allende los mares, de ida y vuelta,de ¡Ahâta aju!, para encontrar, a la postre, que todo queda en su interior porque el maravilloso y larguísimo viaje sin fronteras no fue hacia fuera, se estableció en su interior. El viaje fue intenso, pero dentro de sí misma: Viajar hacia fuera es viajar hacia adentro. Ella lo llamó viaje sensorial.
Asunción, capital de Paraguay, se convirtió en su casa, aunque allá todo es diferente -relaciones, vidas paralelas, claridad del sol tropical… pero nueva beca impulsó nuevos viajes.

Vuelve a España a terminar sus estudios y, acabados, nueva beca de investigación. Vuelve a Asunción y luego a Barranquilla y luego recorre 9.000 km en bicicleta -sí, han leído bien- cruzando Colombia, Venezuela, Brasil, norte de Argentina y parar en Paraguay. Un año y medio de viajes.
– ¿Aguantabas bien físicamente?
– La potencia no es muscular Pepe, la fuerza está en la mente.
Perdió el celular -americanismo local- y, cuando podía, se comunicaba con sus padres a través de internet.
En los descanso de vacaciones, Ángela sigue sintiendo su primera necesidad, su fuerte y potísima ilusión y quiere ver y sentir la Patagonia, Chile, Paraguay, otra vez España y otra vez Colombia y, vuelta a su bicicleta, elige la ruta occidental -Ecuador, Perú, Bolivia y Paraguay- para volver a su casa: Asunción. Nueve meses sobre su bicicleta.
Mas el ansia no se ha colmado y se adentra en Uruguay, sube a Cuba, San Andrés -isla de Colombia-, Nicaragua, Costa Rica… y “se acerca”, nada menos, a Nueva Zelanda, Italia, Dinamarca, Gran Bretaña y Portugal.
