En este episodio retomamos las leyendas de El Andévalo
Pepe Rico vuelve a contarnos una leyenda andevaleña en el programa de esta semana.

Pepe Rico. Tras el Paseo del Santo, más al sur, muy cerquita de la entrañable Villanueva de las Cruces y aledaño con su término municipal, se encuentra un cerro exento de considerables dimensiones conocido como La Muralla.
Cuando en los años finales de la década de los noventa tres amigos subíamos la pendiente de este extraño cabezo, comprobamos que su desnivel alcanzaba cotas del 50% en muchos de sus tramos, pero la visita fue fructífera porque ocupando toda su cima pueden verse los restos de una extraordinaria muralla ovoidal de importante tamaño con barbacana en sus lados sur y oeste.

Examinados en esa primera visita todo cuanto pudimos abarcar, es muy extraño que la pendiente norte se presenta impracticable por su altísimo desnivel de manera que nos fue imposible transitar por ella, pero debe rondar entre el 80 y el 90%.
Mi amigo ya citado, don José García Bravo, me relató que, en un día de lluvioso invierno, una enorme tormenta de agua descargó durante bastante tiempo con inusitada fuerza sobre el cerro, pero que el agua pareció que quedaba atrapada y tragada por la vertiente norte, porque a pesar de su empinadísima pendiente, no llegó hasta el arroyo Monte la Osa que discurre justo por el pie.
Siempre hubo entre los lugareños la ensoñación que por aquella pendiente se podría entrar a la enorme oquedad que ocuparía las entrañas de La Muralla.





