Segundo de los tres programas dedicados a la romería de San Benito Abad.
Continuamos con el ciclo de episodios centrados en la romería de San Benito Abad ahondando en sus orígenes, su significado y la manifestación cultural y social de esta festividad.

Pepe Rico
Hasta cuatro sustantivos definen nuestro culto a San Benito: Romería, porque quien peregrina es romero; Fiesta, porque sus cultos siempre se impregnan de alegría; Función, porque cada vez que se acude a la ermita, se celebra una solemne función religiosa para honrar su culto y Boda, porque desde su nombramiento como Patrón de los cerreños, era preciso cumplir los votos del patronazgo.
Muchas veces escuché de boca de los mayores que nos precedieron, cuando se separaban y acordaban volverse a ver, una expresión muy suya -perdida hoy-: “Pa la boa nos vemos”. Y es que se volverían a encontrar en la boda -de votus votus- con San Benito, es decir, cuando los dos habrían de asistir a la ermita y cumplir, en mayo, con el voto del patronazgo.
Y allí, en la ermita, se goza con la presencia de San Benito y de todo cuanto acontece a su alrededor, muy en especial con las jamugueras y mayordoma, cual sacerdotisa de los votos patronales que un día eligieron solo los hombres, revestida con el bobillo, trasunto de un amito eclesiástico.

