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PODCAST Mi Andévalo: ‘Tres pintores puebleños’

PODCAST Mi Andévalo: ‘Tres pintores puebleños’

Segundo de los dos programas dedicados a figuras relevantes de Puebla de Guzmán.

Cerramos el ciclo de dos episodios dedicados a personajes de relevancia del municipio andevaleño de Puebla de Guzmán.

Pepe Rico

Esteban Márquez de Velasco (1652-Sevilla, 1696) fue un pintor barroco español seguidor de Murillo de quien tomó esquemas y figuras concretas.

Entre sus obras destaca Cristo y la Virgen como protectores de la infancia, -1694- conservado actualmente en el paraninfo de la Universidad de Sevilla.

Cristo y María protectores de la infancia

Sebastián García Vázquez (1904-1989) es el artista local más reconocido por su calidad y por su exclusividad temática: su pueblo, el campo y sus gentes.

Formado en Huelva y en Madrid, obtiene la primera Medalla de la Exposición Nacional de Madrid en 1934.

Diez años después, es catedrático de Dibujo del Natural en Movimiento en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla.

Sus obras pueden verse en el museo Reina Sofía de Madrid, Bellas Artes de Sevilla y de Huelva y museos de Arte Contemporáneo y Arte y Costumbres Populares, ambos de Sevilla.

Autorretrato Sebastián García Vázquez

José Cristóbal Guevara Sández (Fig. 53) (1926-2010) se forma en Huelva con Pedro Gómez, el pintor del Conquero.

Recorrió innumerables países con su obra.

A partir de 1953, descubre una nueva técnica que marca su evolución artística que le otorga su dimensión internacional, su presencia en museos y galerías de arte de Francia, Estados Unidos, Australia, Líbano, Siria, Irak, Alemania, Holanda, Inglaterra, Luxemburgo, Panamá, Islandia, Italia, Japón…

Su cuadro titulado “La Cruz” se expone en la sección de Arte Moderno del Museo Vaticano.

En total 200 exposiciones individuales y 500 colectivas.

José Guevara con Juan Pablo II

Juan Monterde Haldón

En un pequeño taller y fragua, en la antigua calleja Medrosa, trabajaba Juan –alias, el armero- y se producían, además de las rejas y vertederas, sorprendentes obras que eran apreciadas por sus paisanos: navajas, romanas con barra telescópica, cajas fuertes con sistemas de apertura sofisticados, balcones y rejas que culminaron con una que “mereció el primer premio de la exposición celebrada en la culta sociedad “Álvarez Quintero” y en la Exposición Ibero-Americana de 1929.

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