La Hermandad de los Judíos lleva a gala la historia que le otorga a su Titular el prodigio de la curación ocurrido en 1775.
María Santísima de los Dolores transmite cada Jueves Santo, en su salida procesional con la Hermandad de los Judíos, una enorme solera. La devoción de los onubenses a la Virgen queda plasmada en esta imagen dolorosa desde hace siglos y cuenta con historias tan maravillosas como la de Bernardo de Basconcelos, platero y miembro del Ayuntamiento onubense, que en 1775 obtuvo el beneficio de su milagro cuando estaba desahuciado por los médicos y a punto de morir. A Ella se encomendó, junto a San Francisco de Paula, según quedó reflejado en un exvoto que representaba el milagro de la curación y que tiene el siguiente texto: “Caio DN Bernardo Basconcelos con una grave enfermedad y desauciado de los medicos se encd. a la Virgen de los Dolores i a Sn. Franc. de Paula i quedó bueno. Año 1775”.

María Santísima de los Dolores procesiona, en recuerdo de aquel milagro, con ocho ciriales en el cortejo litúrgico que le precede, cuando lo habitual es tener seis. Todo para recordar públicamente que esta imagen de Los Judíos tiene así reconocido un milagro, el de Basconcelos de 1775.

Así nos lo ha relatado el actual secretario de la hermandad del Jueves Santo, José Antonio Vélez, que reflexiona sobre este hecho diciendo que «más de 250 años después, gente como yo ha estado aquí postrándose a sus pies, rezando, pidiéndole y dando gracias, y sientes que formas parte de una rueda histórica que trasciende incluso la fe».
