Una historia en torno a la ermita de San Benito Abad de El Cerro.
Pepe Rico nos regala en este podcast una leyenda que integra la figura de San Benito Abad y lo que popularmente se conoce como ‘El Paseo del Santo’.

«Quien fuera mi amigo, don José García Bravo, hijo y nieto de ermitaños, vivió y disfrutó muchos años del espacio físico del entorno y de la ermita de San Benito Abad, situada en el campo de su nombre y perteneciente al término municipal de El Cerro de Andévalo.

La situación geográfica de la ermita, aledaña a la vereda mesteña de Almonaster la Real que se unía en Fuente Astorga a la cañada de Medellín, al sur de la ciudad beréber del lugar Andévalo y a tiro de piedra de la ciudad turdetana o celta de El Cerquillo da fe de una tierra vívida y vivida por generaciones.
Don José conocía, no solo los hechos vividos al amparo de la ermita, sino cada palmo de su entorno geográfico y así manifestaba dónde se ahechaba el mejor trigo, cuál era la encina que daba las bellotas más dulces, en qué trocito de tierra se criaban buenos gurumelos…
En una ocasión en que paseábamos los dos un día de primavera, al sur de la ermita, algo más abajo del coso, cercano al paraje de Los Mármoles (donde cuenta la tradición que se apareció San Benito a un porquerillo), me hizo detenerme junto a un pequeño peñasco y me explicó y me hizo caer en la cuenta que en unos veinte pasos de este a oeste con una anchura de algo más de un metro no crecía ninguna clase de hierba ni matorral a pesar de la riqueza en pastos circundante.

En verdad que se intuía un pequeño misterio que mi amigo desentrañó ante mi perplejidad. Se trataba de un pequeño espacio que todos los lugareños conocían como “El Paseo del Santo”, pues allí solía San Benito disfrutar paseando y deleitándose con las excelencias de su campo.
Geológicamente explicable, el pueblo se queda con la leyenda, la asimila y así la transmite.
Como ahora, como recuerdo y homenaje a mi amigo Pepe que tanto supo, tanto disfrutó y en quien tanto creyó: San Benito».
