1 Minuto Huelva

PODCAST ‘Mi Andévalo’: Leyenda de los moros

PODCAST ‘Mi Andévalo’: Leyenda de los moros

Nuevo episodio sobre leyendas del Andévalo, con Pepe Rico

Programa número catorce de este podcast sobre historia, cultura y tradiciones de la comarca onubense el Andévalo. En esta ocasión, continúa el ciclo de episodios dedicados a las leyendas que nacieron en este enclave de la provincia de Huelva.

Escucha todos los podcast en Spotify

Por Pepe Rico

La cabeza de Andévalo que emerge poderosa y casi desafiante dominando todo el entorno circundante y desde donde se puede divisar desde sus laderas la villa de Huelva, las tierras portuguesas y los confines del levante andevaleño ha sugerido siempre exquisitas leyendas que han circulado de padres a hijos quedando imperecederas en el recuerdo individual y colectivo.

Una de estas leyendas me contó la abuelita Petra Reyes, ya ida hace unos años, en el zaguán fresquito de su casa mientras saboreábamos una olorosa tacita de café.

Petra vivió su infancia en los primeros años del siglo anterior en una explotación agrícola que se denominaba y sigue haciéndolo La India, situada en el pie de la cabeza apenas se desciende su vertiente hacia levante y contaba con rotundidad, casi como si estuviera viviéndolo, que sus mayores siempre le dijeron que, a pesar de las vivencias compartidas entre los repobladores con los beréberes -ella los llamó moros, sin más- siempre tuvieron aquellos el deseo de expulsar a quienes habitaban en lo más alto de la cabeza de Andévalo y se les ocurrió reunir una gran piara de cabras, colocarles a cada una un sonoro locajo, amarrarles unas velas encendidas en cada cuerno y azuzarlas cuesta arriba en la mitad de una noche sin luna.

Nos reíamos los dos imaginando el estrebejín que armarían las cabras mientras subían la cuesta empujadas por los pastores y terminaba la abuelita Petra la leyenda diciendo que los moros, creyendo que era un ejército que los asediaba, huyeron “que se las pelaban”.

Y no satisfecha y recopilando recuerdos y recuerdos de sus mayores me apuntó que bajo la primera jara que diera el sol, recién salido en la madrugada, se escondía un maravilloso tesoro de aquellos moros.

Claro que la jara nunca sería la misma por su corta duración como matorral y ya sabemos que el sol sube y baja en el horizonte a medida que transcurren los días y las estaciones.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

Comenta la noticia:

1 Minuto Huelva
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.