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‘La vida de antes’

¿Tan complicado es combinar la vida real con la vida virtual?

Lorena Bogado Camacho

Dando un relajante paseo por mi Huelva, me fijé en todo lo que me recordaba; sobre todo, en sus gentes. Casi todas las personas andaban con sus móviles en las manos, como si sus vidas estuvieran dentro de esos aparatos.

De pronto, inconscientemente, empecé a recordar lo que me cuentan mi madre y mis tíos algunas veces…

En los colegios no habían ningún ordenador y ninguna tablet; el alumnado solo tenía sus lápices, bolígrafos, libretas y los materiales adicionales, pero nada de tecnología. Los niños trabajaban con materiales físicos y lograban un mayor desarrollo cognitivo.

Actualmente, casi todos los jóvenes ya tienen su propio móvil con Internet; muy preocupados por hacer fotos y videos para subirlos a las redes sociales para conseguir miles de seguidores y convertirse en influencers, dejando del lado los estudios.

En la vida de antes, cuando las personas estaban por la calle, no sentían la necesidad de llevar ningún móvil encima; si en algún momento necesitaban ponerse en contacto con uno de los suyos sólo tenían que acercarse a una cabina de teléfono. Cuando iban de viaje, solo querían disfrutar de lo que estaban viviendo; casi todo el mundo llevaban su cámara de fotos para inmortalizar algunos momentos y después revelar los carretes. Eran felices con esas fotos salieran como salieran, sin usar retoques y sin poner filtros. No pensaban en hacer fotos perfectas para subirlas en las redes sociales.

Antes, no existían los videojuegos ni ningún juguete electrónico. En la vida de antes, los niños salían a la calle y jugaban al fútbol, a la comba, al escondite… O también jugaban dentro de sus casas, reuniéndose la familia para disfrutar del momento, mientras aprovechaban para charlar y saber uno del otro. Pero ahora, los niños no salen a la calle a jugar, y se quedan en su habitación o ocupan un hueco en el sofá encontrándose ausente de lo que tiene a su alrededor. Algo contagioso al resto de los familiares que se rinden a la tecnología. Al final, todos están en el mismo lugar pero cada uno se encuentran en su mundo digital.

Yo soy la menos indicada para criticar el tema digital ya que gracias a este medio estoy realizando mis estudios, escribo y promociono mis libros. Algunas veces realizo algunas compras, y por supuesto, puedo hablar con mi familia y con mis amigos y también puedo conocer a nuevas personas.

Para nada creo que el mundo virtual sea un atraso para la sociedad, en absoluto, pero antes de comprar por Internet, podríamos ir a las tiendas físicas para ver los productos en persona. Antes de utilizar en los colegios o los institutos un ordenador o de una tablet, sería mejor usar los materiales que siempre se han utilizado, así nuestra vista no se cansaría más rápido de lo normal. Antes de ponernos a jugar a los videojuegos, podríamos quedar con nuestros amigos para compartir un ocio fuera de casa y, así, a lo mejor podríamos conocer a nuevas gentes. Antes de ponernos a chatear, podríamos dedicar un tiempo a la familia para saber cómo se encuentran y, quizás, podríamos compartir conversaciones interesantes. Y, por qué no, antes de utilizar el chat podríamos quedar para tomar algo o dar un paso paseo.

¿Tan complicado es combinar la vida real con la vida virtual? Sólo tenemos que ser conscientes de la vida y las personas que tenemos en nuestro alrededor, y el mundo digital sólo es una ayuda para avanzar con más facilidad.

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