
Aún quedaba tiempo para que el Simpecado de Almonte llegara al interior del Santuario del Rocío pero la tensión se cortaba junto a la reja que rodea a la Blanca Paloma. A las 02.55 ya no aguantaban más y decenas de almonteños saltaban la reja en busca de su patrona y se apostaban en los bancos para portar a la imagen. Aún tardaría en moverse el paso. Diez minutos más tarde llegaba el Simpecado de la Matriz, que tuvo que adelantarse a la finalización del rezo del santo rosario. Y ahí comenzó todo. Una salida muy desordenada pero llena de pasión desbordada que volvió a certificar que el Rocío no se puede explicar con palabras y que la emoción lo llena todo en la madrugada del Lunes de Pentecostés a la orilla de Doñana.
