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Alba, cuando la sonrisa y la ilusión vencen cualquier dificultad

Cada momento vivido con Alba es un aprendizaje continuo. Ella, sin pretenderlo, regala lecciones de vida desde la humildad y la sinceridad, hablando con el corazón. Es pura sensibilidad y generosidad; perderse en un abrazo con la gente que la quiere es su mejor regalo y, a pesar de las dificultades a las que tiene que enfrentarse en su día a día, afronta la vida con ilusión, con ganas, con sentido del humor y, sobre todo, con una sonrisa que nunca se desdibuja de su cara.

Alba padece una parálisis cerebral desde que nació y el camino de la vida aprendió a recorrerlo desde una silla de ruedas. Pero nada la ha frenado en su afán por superarse y exprimir cada día queriendo experimentar nuevas emociones y coleccionando vivencias que la hagan feliz.

“Con tranquilidad” es el consejo que suele dar a las personas que la rodean porque, desde su experiencia, sabe que ir demasiado deprisa puede hacerte perder muchos detalles de los momentos que se viven. Observadora, intuitiva, detallista, preocupada por los demás más que por ella misma, hace gala de una extraordinaria memoria que le permite interiorizar los recuerdos con una riqueza que, según ella, la hacen muy afortunada.

Su visión del mundo, valorando lo bueno que la rodea, y haciendo frente a las injusticias que ella misma vive a diario, son un ejemplo a seguir, aunque ni ella misma es consciente de lo mucho que ayuda a los demás.

Su vida no ha sido fácil; desde su niñez las consultas al médico, con diferentes especialistas,  han marcado su día a día llevándola a pasar por el quirófano en varias ocasiones. Pero incluso los malos recuerdos, o experiencias que fueron traumáticas para ella, Alba es capaz de contarlas a día de hoy riéndose de ellas relativizando todo aquello que no tenga importancia.

Ella se define como una persona feliz y, para ella, la felicidad es todo lo que le está a su alrededor. Es consciente de la falta de sensibilidad de algunas personas, de la poca empatía de la sociedad o del trato diferente que suele recibir, pero no por ello se queja. Alba reflexiona y siente que no se puede obligar a nadie a quererla, es algo que le tiene que nacer a cada uno. Si no, no lo quiere.

Al comenzar el instituto su vida dio un giro de 360 grados para ella y fue entonces cuando descubrió que no todo el mundo iba a arroparla siempre. Alba es muy querida por sus compañeros y sus profesores, muchos de ellos, al conocerla,  se asombran de su gran capacidad. Es inteligente y cariñosa, y sus rezos de cada noche a la Virgen del Rocío están destinados a las personas que más quiere. No pide nada para ella.

Y es que la Virgen del Rocío es un pilar esencial en su vida. Con Emigrantes, hace el camino desde que era bebé y en dos ocasiones los almonteños la llevaron a hombros para estar frente a frente a la Blanca Paloma. Cuenta los días que quedan para la siguiente Romería y esa espera la sobrelleva mejor escuchando a María del Monte y viendo programas musicales en la televisión.

Las mayores dificultades no las tiene Alba, las tienen los demás con ella. Ana es su madre, sus manos y sus ojos, y asegura que aún queda mucho camino por recorrer hasta conseguir la aceptación, el respeto y la integración real de personas con algún tipo de discapacidad. Muchos piensan que por estar en una silla de ruedas, Alba no es capaz de interactuar o entender lo que ocurre a su alrededor, pero ella no sólo es capaz de comunicarse y de expresar sus sentimientos sino que, además, tiene la capacidad de interpretar el mundo con un sosiego y una madurez inusuales y que ha estado cultivando durante sus 18 años.

Su mayor reto, a día de hoy, es superar el bachillerato, algo que tiene que compatibilizar con las visitas médicas y las sesiones de fisioterapia. Pero nada de esto consigue pararla. Le apasiona viajar con su familia y descubrir lugares nuevos, aunque siempre encuentran el obstáculo de las barreras arquitectónicas. Pero Alba descubre, siempre, la manera de salvar la dificultad y aprender de ella.

Incluso los problemas económicos son capaces de irlos solventando con buen humor y constancia. Y es que, las ayudas que reciben son escasas y no cubren los gastos mínimos que supone adaptar una vivienda, un vehículo o la inversión diaria en diferentes tratamientos para mejorar su salud.

La historia de Alba es un ejemplo de superación constante, con una forma encomiable de enfrentarse a una vida llena de complejidad con la mejor actitud posible, sintiéndose afortunada por todo lo positivo que se va encontrando en el camino, y mirando a los problemas cara a cara, poniéndoles nombre y, aunque sienta que la vida es injusta, Alba se siente agradecida porque encuentra en cada detalle, en cada gesto, en cada sonrisa, un motivo de felicidad.

Ana y Alba en su casa mientras explicaban cómo tienen organizado el dormitorio

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